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Cómo la arquitectura puede afectar a las emociones

Escrito por: The Conversation | enero 8, 2018

Puedes leer este artículo en: Español | English

Reposteamos el siguiente artículo de The Conversation con la intención de abrir un escenario previo de exploración a uno de los temas que ha tenido gran impacto e importancia dentro del estudio de Sordo Madaleno Arquitectos, cómo provocar emociones positivas dentro de un espacio construido. 

En nuestra era tecnológica, cuando muchas de nuestras experiencias sociales son virtuales, el papel que puede desempeñar la arquitectura en la experiencia de las situaciones en tiempo real es cada vez más curioso. ¿Cómo afecta la arquitectura nuestras emociones y qué tipo de intervenciones de diseño se pueden hacer para ayudarnos a sobrevivir al caos de la vida cotidiana?

En una conversación reciente con un cliente, como director de la Northern Office for Research and Design (NORD) en Glasgow, Escocia, referí que la arquitectura a menudo olvida que uno de sus objetivos principales es provocar una emoción.

Estábamos discutiendo sobre un nuevo hospicio y el Centro Maggie para el cuidado del cáncer, que forma parte de una red de centros de acogida en el Reino Unido en donde estoy trabajando, tiene ese objetivo de ayudar a cualquier persona que haya sido afectada por el cáncer. Si bien estos edificios tienen gran seriedad debido a las circunstancias de las personas que llegan a habitarlos, somos conscientes de la necesidad de equilibrar estos asuntos serios y la provisión de cuidados vitales junto con las necesidades sociales, espirituales y emocionales de los pacientes, como parte de nuestra filosofía de diseño.

En ambos proyectos, una pequeña biblioteca se convierte en un ancla familiar para enraizar la experiencia del edificio alrededor de un lugar tranquilo para pensar.

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Los diseños de planificación de NORD para el nuevo Centro Maggie en Forth Valley, Escocia. NORD
Arquitectura silenciosa

“La arquitectura más noble a veces puede hacer menos por nosotros que una siesta o una aspirina … Incluso si pudiéramos pasar el resto de nuestras vidas en la Villa Rotonda o en la Casa de Cristal, todavía estaríamos de mal humor”. – Alain de Botton, La arquitectura de la felicidad

Nos agrupamos en zonas con Wi-Fi, tomas de corriente y pantallas, y tenemos muchos de nuestros intercambios sociales en línea. Las “zonas tranquilas”, como la que se da en el viaje en tren desde Glasgow a Londres, donde el ruido electrónico y humano se mantiene bajo, son una señal reveladora de que el asalto tecnológico sobre nuestros sentidos y nuestra esfera pública está siendo objeto de escrutinio.

En un viaje en tren reciente en Melbourne, todos en el vagón del tren miraron en frustración sincronizada cuando la señal de su teléfono o tableta se había perdido entrando a un túnel. Sus miradas se habían fijado en las mini pantallas y solo una estructura de hormigón en masa podía devolverlos a la realidad del entorno social del vagón.

El Wi-Fi y las redes llegaron para quedarse, pero el futuro puede anunciar el auge de la arquitectura de espacios silenciosos o de las bibliotecas, que, como muchos han argumentado, están amenazados por el archivo y la búsqueda de información en línea.

Las bibliotecas son espacios serios; por lo general, las antiguas tienen un aura de dignidad y moderación. Históricamente, la idea era muy clara: la biblioteca formaría parte de la infraestructura cívica de un lugar y de la comunidad a la que servía.

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Jacob und Wilhelm Grimm Zentrum, Humboldt University, Berlín. timtom.ch

Recientemente, en Berlín, conocí la nueva biblioteca central Jacob und Wilhelm Grimm Zentrum de la Universidad Humboldt del arquitecto suizo Max Dudler. La atmósfera de la sala respira un espíritu similar al de la gran sala de lectura en la Biblioteca Sainte-Geneviève de París, del arquitecto francés Henri Labrouste. También es similar a ingresar a la la sala principal de la biblioteca estatal de Victoria.

Estos son espacios que te hacen sentir como un niño que ha descubierto algo por primera vez.

Las bibliotecas tienen que ver con la atmósfera, que es difícil de percibir en gran parte de lo que experimentamos en la ciudad contemporánea. Son espacios que parecen estar en oposición al mundo exterior. El sonido siempre se amplifica en un espacio bibliotecario y podemos experimentar una mayor apreciación de la calidad de la luz, los materiales, el olor de los libros, la temperatura, los muebles y las personas que nos rodean.

La biblioteca ha sobrevivido como un tipo particular de espacio, cuando tantos otros se han fusionado o transformado. El espacio híbrido, donde confluyen muchos medios diferentes, se ha convertido en un espacio flexible y adaptable, en el que el uso se extiende a las demandas cambiantes de los ciudadanos del siglo XXI que carecen de tiempo.

Vivir en un ambiente homogeneizado

Las estaciones de tren se han convertido en centros comerciales, los centros comerciales se han convertido en plazas, las iglesias se han convertido en pubs y guarderías, las escuelas se han convertido en centros comunitarios, los hogares se han convertido en oficinas y las universidades se están moviendo en línea.

La estética se ha modificado para encapsular tantos usos que ahora vivimos en un entorno homogeneizado y resulta difícil distinguir el uso de un edificio con el del edificio vecino.

De hecho, apenas vemos la mayoría de la arquitectura que nos rodea, ya que se convierte en una especie de zumbido de fondo, que se observa solo cuando es excepcionalmente grande, excepcionalmente feo o excepcionalmente hermoso.

La arquitectura, creo, todavía debería esforzarse por movernos, hacernos sentir de una manera particular. Como una pieza de música, la arquitectura tiene la capacidad de influir en el estado de ánimo, sin embargo, gran parte del primer plano de nuestras calles carece de sensibilidad emocional. 

La arquitectura ha sucumbido a soluciones rentables, aversas al riesgo, rápidas y genéricas. La experimentación, la libertad de explorar y tomar riesgos es una condición por la cual la gente tendrá que luchar en la sociedad moderna.

La arquitectura del futuro

La arquitectura enfrenta muchos desafíos. El avance tecnológico trae consigo infinitas oportunidades, pero aún necesitamos comprender y continuar la importante conversación sobre cómo la arquitectura nos afecta.

¿Qué tipos de espacios necesitaremos en el futuro? ¿Cuál es el papel de la arquitectura como objeto físico en el mundo físico? ¿Cómo lidiamos con la creación del espacio interior en un mundo de hibridación y cambio sin fin?

Los edificios cambian con el tiempo y también lo hacen nuestras actitudes hacia ellos.

Considerar que el hospital, que era una pieza de infraestructura urbana tan familiar que exudaba tanto significado cívico como espiritual. Ahora es una megaestructura industrial, que probablemente, debido a su tamaño industrial, resistirá una arquitectura de atmósfera y emoción.

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Centro Maggie, Ninewells, Dundee, diseñado por Frank Gehry. Alan Pert

Sin embargo, la aparición de los Centros Maggie de Atención del Cáncer en Edimburgo en 1996, como un contrapunto a estas grandes máquinas institucionales, muestra una alternativa parcial. Ahora hay evidencia de espacio para edificios híbridos, existiendo como un tipo de interfaz entre la ciudad, el megahospital y el humano.

“Tal híbrido podría salvar la brecha entre lo puramente funcional y lo simbólico, y devolver a la institución, una arquitectura cívica de significado”. – Charles Jenks, La arquitectura de la esperanza.

Los Centros Maggie tienen implicaciones más allá de su modesto tamaño y origen. Complementarios al gran hospital y al enorme Servicio Nacional de Salud, presentan un aspecto que es acogedor, arriesgado, estético y espiritual: y con su compromiso con las otras artes, incluido el paisaje, traen toda la panoplia de medios y emociones constructivos.

Los Centros Maggie son un modelo de lo que pronto podría convertirse en un tipo de edificio estándar, y ya se están discutiendo acerca de la apertura de uno en Melbourne.

Sabemos que la arquitectura puede crear emociones y cambiar la forma en que experimentamos espacios. Ahora debemos seguir hablando de los tipos de emociones que queremos crear.

Lee el artículo de Alan Pert, Profesor de Arquitectura y  Director de la Escuela de Diseño de la Universidad de Melbourne, publicado originalmente en The Conversation en el siguiente link.

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