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¿Puede la arquitectura moldear el comportamiento?

Escrito por: Jan Golembiewski | junio 30, 2017

Puedes leer este artículo en: Español | English

Reposteamos este articulo original de The Conversation porque SMA siempre ha coincidido con esta postura y demuestra constantemente que la arquitectura tiene el potencial de cambiar vidas y sociedades en ambos sentidos dependiendo de la calidad del diseño, su adaptación al contexto y las necesidades de la época.

En 1966, un planificador británico llamado Maurice Broady creó un nuevo término para el léxico arquitectónico: el Determinismo arquitectónico.

Esto fue para describir la práctica de afirmar sin fundamento sobre que las soluciones de diseño cambiarían el comportamiento en una manera predecible y positiva.

Era una nueva frase, pero la creencia detrás de ella –que los edificios modelan el comportamiento – habían permitido a los héroes de la arquitectura hacer todo tipo de pretensiones extravagantes.

Historia de esperanza

Leon Battista Alberti, un arquitecto italiano de la era renacentista, afirmó en el siglo XV que las formas clásicas equilibradas obligarían a los invasores agresivos a bajar sus armas y convertirse en civiles.

Frank Lloyd Wright, el arquitecto estadounidense que diseñó uno de los edificios más famosos en América, Fallingwater house, también creía que la arquitectura apropiada salvaría a los EU de la corrupción y volvería a la gente en esfuerzos saludables.

El autor y pensador británico Ebenezer Howard creía que las compañías serían más eficientes sí sus empleados vivieran en comunidades tipo aldeas ajardinadas.

El arquitecto francés, de origen suizo, Le Corbusier afirmó que su edificio la Villa Savoye, en Francia, curaría a los enfermos, y cuando hizo todo lo contrario, él solo evitó la corte debido al comienzo de la segunda guerra mundial.

Tomó una lista larga de fracasos a lo largo del milenio antes de que los teóricos posmodernos llevaran a criticar la fantasía arquitectónica con venganza malévola. El punto culminante de esta tendencia fue el deleite compartido de la demolición del famoso y peligroso complejo de viviendas urbanas Pruitt-Igoe en St. Louis, en los Estados Unidos.

Fue diseñado por los arquitectos George Hellmuth, Minoru Yamasaki y Joseph Leinweber para proveer “espacios de reunión comunitarios y patios de juego seguros y cerrados”. Para los años 60´s, sin embargo, fue visto como un hotspot para el crimen y la pobreza por lo que fue demolido en los 70´s.

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La pérdida de la fe en el poder de la arquitectura ha sido lamentable. Las fantasías bien intencionadas de los arquitectos rutinariamente proporcionaban esperanzas a los clientes y a veces incluso con resultados.

Sin esta promesa, la profesión quedó incompetente ante el mejor conocimiento estructural de los ingenieros, las restricciones acumuladas e impuestas por generaciones de planificadores, los cálculos de los gerentes de proyectos y la conveniencia de las habilidades de un dibujante CAD (Computer-Aided Design) para convertir cada capricho del cliente en realidad.

Without fiction, architecture has become a soulless thing. But was determinism dismissed too soon? Is there a role for imagined futures without rationalist restrictions?

Sin ficción, la arquitectura se ha convertido en un objeto sin alma. Pero, ¿se descartó el determinismo demasiado pronto? ¿Existe lugar para futuros imaginados sin restricciones racionalistas?

Restaurando la fe

Basta pensar en algunas de las formas en cómo la arquitectura puede manipular tu propia experiencia. En su libro, Happy City: Transforming Our Lives Through Urban Design, el autor estadounidense Charles Montgomery señala que algunos ambientes afectan de manera predecible nuestros estados de ánimo.

El hecho es que los ambientes si nos afectan, sin importar que fuera por el diseño o por casualidad. En 2008, investigadores de Reino Unido descubrieron que una caminata de diez minutos por una calle principal al sur de Londres aumentó significativamente los síntomas psicóticos.

En mi propia investigación, encontré que cuanto más saludable es una persona, más un buen ambiente los influirá positivamente y menos los afectará. Los pacientes mentalmente enfermos muestran 65 veces más reactividad negativa a los malos ambientes que aquellos controlables y todas esas reacciones se traducen directamente en síntomas.

Los mismos pacientes tienen aproximadamente la mitad de sensibilidad positiva. Eso es menos sonrisas, menos risas y una caída reportada en la sensación de la “diversión de la vida”.

Pero eso no es todo. El potencial de la arquitectura es todavía próspero. La facilidad con la que la arquitectura puede aprovechar una estética sublime la hace genial por generar asombro.

Psiquiatras han encontrado que el asombro reduce la prevalencia y la gravedad de los trastornos del estado de ánimo. ¿Podría la arquitectura sublime incluso salvar vidas?

Los efectos psicológicos de la arquitectura son difíciles de comprobar, pero difícilmente diluyen el valor de un edificio que tiene éxito y que crea sensación de asombro. Cada tipo de edificio tiene diferentes funciones, y para cada uno hay un imperativo de usar los edificios para ayudar a crear un óptimo estado de ánimo, un deseo o sentido de coherencia, seguridad o significado.

Afortunadamente, hay un resurgimiento de la creencia de que los edificios pueden cambiar el comportamiento, dirigido por algunos diarios arquitectónicos: World Health Design, Environment Behavior y HERD.

Muchos de ellos se enfocan en el diseño de servicios de salud, porque ahí es donde los cambios de comportamiento tienen consecuencias de vida y muerte.

Sin embargo, nadie se atreve a hacer promesas. Como tal, la investigación raramente abre la caja negra de la psicología ambiental, dejando hallazgos inexplicables y propensos al fracaso.

Para regresarle a la arquitectura su motivo, el interés de cómo la arquitectura puede cambiarnos debe fomentarse. Los clientes tienen que aprender a confiar de nuevo en los arquitectos y los organismos que financian la investigación tienen que reengancharse para alentar la exploración sobre cómo los edificios afectan nuestro humor, salud y comportamiento.

Por último, las escuelas de arquitectura tienen que enseñar a los estudiantes cómo predecir los efectos psicológicos, emocionales, curativos y funcionales.

Toda innovación, en última instancia, está dirigida por la imaginación, incluso sí eso significa tomar riesgos y a veces equivocarse.

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